La ciudad en invierno en Mondonuclear

Mondonuclear

Enrique Vila-Matas debería recibir un aguinaldo de todas las editoriales del planeta; siempre que leo algo suyo compro casi todo lo que menciona o cita, y me consta que no soy el único. El muy villano adelgaza mi cartera que da gusto. En su Dietario voluble se menciona un librito titulado La ciudad en invierno, de una tal Elvira Navarro, escritora onubense a la que he agregado a Facebook antes de empezar a escribir este texto. Así me las gasto yo. Antes de hablar del libro en sí, me gustaría que vierais una foto:

Se trata de Elvira Navarro en un cuarto de baño, fotografiándose a sí misma con una cámara compacta. Está sacada de Qué Leer, y lo cierto es que la he encontrado por casualidad mientras reflexionaba sobre lo difícil que es encontrar fotos de escritores en Internet; por ejemplo, cuando buscaba imágenes de Gianni Rodari para el post sobre su Cuentos por teléfono, no encontré más que miserables jotapegés de tamaño ridículo. Voy a ir más allá: si leo sobre un escritor y miro en Google Imágenes y encuentro fotos recientes, grandes, a buena resolución, artísticas, bien hechas, desconfío. Esto es así. Pienso: este tipo seguro que escribe fatal. Pero qué paquete tiene que ser este gañán. ¡Eso, eso! ¡Hazte fotos bonitas, ya que escribiendo eres un paquete! Con Elvira Navarro me pasó que encontré fotos pequeñas y malas, así que me reafirmé en mi opinión de que es una gran escritora.

Volviendo a la foto, puedo imaginar que fue tomada en un viaje: Elvira estaba en un congreso sobre Escritura y culturismorealizado en Irvine, CA, y en una de estas decidió ir al baño a hacerse una foto para llevarse un recuerdo de su viaje a Estados Unidos. Cuál sería su sorpresa cuando, justo en el momento en que disparó la cámara, David Foster Wallace entró, aprovechando su conocida habilidad para salir bien en las fotos para posar en milésimas de segundo y conseguir esta fabulosa captura, que, por cierto, ha sido usada en las ediciones españolas de bolsillo de la obra de DFW. Cuando Elvira se dio cuenta de que DFW estaba allí, dijo sorry, mister David, the light was much better in the men’s room; DFW hizo un gesto tranquilizador con la mano y se metió a un retrete. Elvira estaba en el baño de caballeros, porque la luz allí era mejor.

Qué anécdota tan fabulosa. Puede que no ocurriera así 100%, puede que no ocurriera nada parecido, pero yo os suelto este pedacito de historia para que reflexionéis. La ciudad en invierno, novelita de Elvira Navarro que nos ocupa en esta ocasión, va sobre una chica, Clara, y sobre cómo crece; se nos presentan momentos puntuales de la vida de Clara, hitos vitales en los que se prescinde de rellenos innecesarios. A través de estas situaciones intuimos a Clara, a través de estas situaciones y de una poética estupenda que me ha sorprendido verdaderamente mucho: Navarro, una vez deja atrás cierto barroquismo un poco agotador en la primera parte del libro, se demuestra como una narradora maravillosa, y sus palabras se juntan de tal forma que parecen decir al lector: oye, si estamos aquí es por algo; no te preocupes por nosotras ni pienses en por qué estamos aquí, léenos y ya. La novela fluye, es deliciosa de leer y llena el cuerpo de desasosiego, se queda uno con un mal sabor de boca estupendo con la tormentosa historia de Clara.

¿Puede ser un mal sabor de boca estupendo? ¿Puede ser una novela al mismo tiempo maravillosa y tan jodida que no puedas parar de pensar en ella, de lo mal que te ha dejado? La ciudad en invierno es algo así; si Elvira Navarro sigue por este camino (un camino al que podríamos llamar básicamente escribir bien, pero cuyo nombre podríamos refinar: escribir sin género, escribir con libertad, escribir sin crearse una losa opresora encima —puede llamarse sociedad o industria o pollas, que por lo visto es el órgano humano opresor por excelencia, a pesar de que yo me la miro y me parece un gurruño encantador—), creo que pronto la meteré en mi lista de escritores-cuyas-novedades-compro-el-mismo-día-que-salen. De momento ya lo he escrito, pero con lápiz; cuando me haga con La ciudad feliz, su segunda novela (que es de Mondadori y por tanto muy cara; señores de las editoriales, esto es un blog literario, envíenme libros a casa y yo hablaré de ellos, que ahora soy de la Vice Blogging Network), decidiré si lo reescribo con bolígrafo, indeleble. Menuda puta mierda de frase para terminar.

Anuncios