La ciudad en invierno en Pájaros de papel

Pájaros de papel
18 de marzo de 2009
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Nabokov hace tiempo que no está. Quedan sus obras, eso sí; pero su Lolita no conoció el siglo XXI. Hoy podría llamarse Clara, la protagonista de este libro, una niña de 12 años que no tiene nada de inocente, que despojada de poesía se enfrenta al mundo real viviendo y haciendo vivir conflicto, goce, abuso, huida, pérdida o violencia. En definitiva, una Lolita mucho menos sugerente y más directa, con una actitud que cuadra más con estos tiempos.

En cuatro movimientos, secos y sin concesiones cualquier resto de candidez infantil que pudiéramos asociar a una niña tan joven, queda borrado de la faz de sus páginas. No necesita más su autora. Con un estilo certero, deliberadamente impersonal, aunque a veces pueda parecer distante y frío, se retratan con crudeza cuatro vivísimas experiencias que formarán parte del aprendizaje de Clara. No hay, pues, sitio para ñoñerías o ingenuidades.

El núcleo de la obra lo forman dos relatos poderosísimos. En ambos Clara se enfrenta cara a cara con la vida adulta, la violencia y el sexo iniciático. En “Cabeza de huevo”, acaso el mejor del libro, como verdugo y ejecutora de un inocente juego de consecuencias imprevisibles. En “La Ciudad en invierno”, que da el título general a la obra, como víctima inmersa en el invierno posterior a la agresión que nos será contada desde la ciudad. En ambas narraciones, la autora dosifica la progresión de contenido hábilmente y logra así trasladar al otro lado del papel, la misma tensión, placer, amnesia y confusión que siente la protagonista.

Abren y cierran el fuego dos historias más breves y de tono menor que enmarcan ese núcleo más crudo e impactante del que hablamos antes. “Expiación” actúa a modo de entrada, presentando a Clara y confrontándola con algunos familiares adultos que la rodean. “Amor”, en cambio es el cierre del libro y enseña la salida de nuestra protagonista, que camina errante y sola por la ciudad huyendo de su primer y fugaz novio, por el que siente un rechazo irracional.

Al cerrar sus páginas el libro confirma lo que se sospechaba y flota en el ambiente: fuera de los nombres y voces de siempre, de los premios rimbombantes, de los y las hiperpromocionados de discurso hueco y literatura impulsada por maquinarias mediáticas, hay vida. Jóvenes escritores y escritoras con estilo propio que, afortunada aunque aún escasamente, tienen sitio en sellos editoriales alternativos o independientes. Elvira Navarro es una de las más prometedoras y con 31 años sabe recorrer caminos abruptos y espinosos con pasos descarnados y firmes, mirando con distancia y precisión estas historias de Clara, a las que dota de un andamiaje  narrativo muy elaborado

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