Historia del restaurante chino Ciudad Feliz en Ibrahím B., por Antonio J. Rodríguez

Antonio J. Rodríguez
Ibrahím B
5 de marzo de 2010
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MUJERES VISTAS POR HOMBRES VISTOS POR MUJERES: SOBRE “HISTORIA DEL RESTAURANTE CHINO CIUDAD FELIZ”

Al margen de las colisiones interculturales y sus dilemas sin solución (¿cómo evaluar la integración de un niño inmigrante chino en una pandilla de «niñas pijas de colegio privado»?), del país rojo como factoría de imparables capitalistas-stajanovistas, y del instante en el que el miembro de un clan decide convertirse en un hombre hecho a sí mismo y distanciarse de la herencia familiar, de “Historia del Restaurante Chino Ciudad Feliz” —primera de las dos nouvelles incluidas en La ciudad feliz— me inquieta fundamentalmente la relación de dominación sádica que las púberes ejercen sobre el hombre en ciernes, en la línea de otro de los cuentos aparecidos en La ciudad en invierno. Elvira Navarro no repara en autocensuras al presentar las relaciones adolescentes fatalmente desigualitarias, siempre a favor de ella(s). Si recordamos, en uno de sus ensayos Simmel interpreta la coquetería femenina en tres estadios: «la coquetería aduladora, que dice: tú podrías conquistarme, pero yo no me dejo; la coquetería despreciativa, que dice: yo me dejaría conquistar, pero tú no eres capaz de hacerlo; la coquetería provocativa, que dice: quizá puedes conquistarme o quizá no, inténtalo.» En “Historia del Restaurante Chino Ciudad Feliz” esta coquetería (despreciativa) arranca «con la impresión abismal de que todo era posible», según atiende el personaje de Chi-Huei frente a Sara; un abismo que cualquier lector masculino que haya conocido el Bildungsroman de las educación sentimental en la adolescencia sabe dónde y cómo concluye. Si los gender studies a menudo han protestado por la percepción errada de la psique femenina tal como los narradores la han representado, lo simpático de “Historia del Restaurante Chino Ciudad Feliz” es la inversión de los papeles subvertidos: la mujer como sujeto vitalista, diabólico e inocente a partes iguales, tal como la ven hombres irascibles y castrados e impotentes a los que la narradora a su vez mira. Un curioso juego narratológico de Matrioskas que encierran Lolitos que encierran…

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