La ciudad feliz en El Mundo, por Emma Rodríguez

Emma Rodríguez
El Mundo
22 de diciembre de 2009

ELVIRA NAVARRO INDAGA EN EL RECHAZO A LA DIFERENCIA

Para los que llevamos tiempo preguntándonos por el momento en que la narrativa española va a abrir sus puertas a la nueva realidad multicultural, o dicho de otro modo, a las comunidades de inmigrantes que están trazando la nueva geografía humana de las ciudades, la respuesta es La ciudad feliz, de Elvira Navarro, XXV Premio Jaén de Novela.

Una novela montada sobre dos historias que tienen en común la crisis de identidad de sus protagonistas, un niño chino que no acaba de integrarse en la cultura de adopción y se siente en todo momento fuera de lugar, y una niña que, a través de su relación con un vagabundo, se cuestiona los principios que le inculcan sus padres (“el vagabundo me coloniza con sus palabras”, llega a decir).

“En los dos casos los protagonistas llegan a rebelarse, cada uno a su manera, a esos valores que sus familias les trasmiten desde el amor. El niño ve cómo los suyos viven enajenados, esclavizados por el trabajo para volver trinunfales a China. La niña comprueba que existen otros mundos fuera de la comodidad de su casa…”, explica la autora.

“En el fondo quería señalar el hecho de que la realidad es una construcción ficticia, de que funcionamos de acuerdo a valores que podríamos cambiar por otros, algo que la actual crisis económica está poniendo de manifiesto”, señala.

Navarro (Huelva, 1978) opina que se está abriendo un nuevo flanco entre la mirada al pasado -ella dice estar harta del exceso de literatura sobre la Guerra Civil- y el cultivo de la metaliteratura. En medio, están sucediendo cosas en la calle, la sociedad está inmersa en un proceso de transformación y la literatura funciona como un espejo.

“Es evidente que el punto de vista de la narrativa española está cambiando y que el siguiente paso llevaría a una renovación de verdad, porque llegará un momento en el que los hijos de los inmigrantes empiecen a escribir, a retratar la realidad española tal como ellos la ven y la viven. Un fenómeno enriquecedor que ya se ha dado en otros países”.

Inmersa en una generación de escritores que ya han crecido dentro del multiculturalismo; de hecho, el niño chino de La ciudad feliz está inspirado en un amiguito de la infancia con el que jugaba en la calle y cuyo abuelo tenía un restaurante, como sucede en el relato, a la autora le ha interesado en este libro indagar en lo que supone la adquisición de un nuevo lenguaje, de una nueva cultura.

“Yo también he experimentado un poco esa sensación de estar fuera. Nací en Andalucía y cuando me fui a vivir a Valencia se burlaban de mi acento… Eso me bastó para entender al protagonista. No se necesita investigar mucho para saber lo que supone el rechazo a la diferencia”, reflexiona.

Aunque en las dos historias que componen La ciudad feliz se mencionan fenómenos como el de las asociaciones mafiosas que trafican con los inmigrantes o la cruda situación de los sin techo, el análisis sociológico no es el objetivo de Navarro. La observación, la empatía y la intuición son las armas que la joven escritora utiliza para hablar de lo que se esconde detrás de las apariencias, de lo establecido.