La ciudad feliz en Literaturas.com, por Carmen Fernández Etreros

Carmen Fernández Etreros
Literaturas.com
marzo de 2010
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La nueva novela de Elvira Navarro, La ciudad feliz, es para mí un café solo en el que baila un terrón de azúcar. Una novela ágil y directa, pero también compleja y reflexiva. Ganadora del XXV Premio Jaén de novela, en realidad no se compone de una novela, sino de dos novelas cortas interconectadas por sus personajes protagonistas, Chi-Huei y Sara, que  navegan desde la infancia a la adolescencia como perdidos, como las piezas que no encajan en el puzzle de madera que les han diseñado sus familias.
La primera novela corta, Historia del restaurante chino Ciudad Feliz, nos presenta a un niño, Chi-Huei, que es trasladado de China a España, donde su familia ha abierto un restaurante-asador de pollos. Para Chi-Huei, que ha vivido los últimos años en una zona alejada de China al cuidado de su tía Li, resulta complicado adaptarse a nuestro país, a la ciudad, a nuestra lengua, a nuestros estudios. Y además también le resulta difícil comprender a su propia familia con la que empieza a convivir: a ese poder omnipotente de su abuelo sobre toda la familia, a la falta de unión familiar salvo para trabajar y ganar dinero… Una familia  que trabaja todos los días pensando en que volverán a su país con dinero suficiente para ser considerados como triunfadores para sus compatriotas. Y Chi-Huei, sin embargo, asiste al mismo tiempo a la infancia diferente de sus amigos del colegio y del barrio, a sus juegos diarios en las calles, a sus salidas en pandilla…
La segunda novela corta, La orilla, refleja el otro lado de la calle donde Sara, amiga de Chi-Huei, vive arropada por una familia empeñada en otorgarle una libertad relativa, en no imponer su autoridad, sino en cultivar la confianza. Pero un día la relación con sus padres cambia cuando descubren la fascinación de su niña por un mendigo del barrio. La niña comienza a cambiar, a buscarle por las calles, y los encuentros fortuitos con el vagabundo se van repitiendo, en la parada del autobús, en la acera de enfrente, en la cafería a lado de sus clases de dibujo…, hasta que el lector llega a sospechar que es la niña quien provoca esos encuentros con lo desconocido, con el otro lado. Hasta el punto en el que la niña ya no piensa como una niña, sino que en sus pensamientos se escapan juicios y palabras de los adultos.
Una novela que privilegia la mirada sobre la acción, la memoria y el recuerdo sobre lo vivido, lo real. Chi-Huei necesita olvidar toda una tradición, una cultura, y Sara, sin embargo, la memoria para recordar las palabras del vagabundo.
La ciudad feliz es una llamada de atención a cómo se nos transmiten los valores familiares sobre otras culturas, otras personas, otras costumbres. Valores que se nos otorgan como únicos a seguir, normas como las únicas a respetar y que suelen chocar irremediablemente con lo que cada persona comienza a descubrir a medida que va creciendo y viviendo.

En suma una novela diferente en el panorama literario actual, un prisma de significados y matices que catapulta La ciudad feliz  como una de las novelas indispensables del año que comenzamos.