La ciudad feliz en Pájaros de papel, por Jesús E. Pérez

Jesús E. Pérez
Pájaros de papel
24 de mayo de 2010
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CAZANDO EN CALLES DE INOCENCIA

Elvira Navarro (Huelva, 1978) es un joven animal narrativo que se mueve entre el sigilo hacia la devastación. Caza en urbes desoladas (ya desde su libro anterior, La ciudad en invierno) repletas de gente y de miedo a cielo abierto. Sus presas son criaturas de inocencia ojiplática y madurez inusitada que viven experiencias iniciáticas, entre la sorpresa y la crueldad.

El rastro es fresco y la caza avanza sinuosa en pos de dramas que alcanzan lo universal desde lo íntimo; una suerte de lija en terciopelo entre bosques de asfalto y sabanas de aceras. Furtiva crece la rebelión dentro de ese niño y niña protagonistas, que íntima y violentamente se topan con la metropolitana realidad que les envuelve en calles y familia y ante la que, lúcidos, configuran un universo pleno de contradicciones y descubrimientos.

Cruda, magistral y feroz, lleva a sus víctimas, más que protagonistas, hasta lo posible y lo desconocido, buscando una identidad allá donde se atisban las pasiones y el sentido del mundo que les rodea. Da igual que el rifle tenga una mirilla telescópica de narrador en primera persona, pues en “La orilla” está Clara que nos cuenta su propia historia de acecho y aproximación a un vagabundo. Tampoco importa que la escopeta utilizada tenga un calibre distinto, de narrador en tercera persona, más distante pero minucioso en la disección de la vida de Chi-Huei, un niño en “La historia del restaurante chino Ciudad Feliz”. Dos vidas conectadas por la amistad en un barrio, dos caras de una urbe, hecha de hallazgos de lo convulso y búsquedas de identidad.

Sin tiempo para el ojeo, esta autora maneja las distancias y cerca vidas rotas que se mueven en el desconocimiento de lo cotidiano, con el desconcierto de lo nuevo incomprensible y el lento caminar de la infelicidad. Fascinante y feroz, la prosa sutil y abisal de Navarro persigue las huellas de la pérdida de la inocencia con tempo de depredadora. En la estepa literaria actual pocos nuevos cazadores se le igualan. Basta acompañarla en esta batida para comprobarlo.

 

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