La ciudad feliz en Quimera, por Javier Moreno

Javier Moreno
Quimera
Marzo de 2010

HISTORIA DE DOS CIUDADES

La ciudad feliz es el segundo libro (omitimos deliberadamente la palabra ‘novela’) de Elvira Navarro, después de su anterior La ciudad en invierno. La ciudad feliz es en realidad la reunión de dos nouvelles (tituladas Historia del restaurante chino ciudad feliz y La orilla, respectivamente) cuya intersección resulta apenas reseñable. Chi-Huei y Sara son los dos protagonistas de los respectivos relatos, exentos, como decíamos, el uno del otro salvo por una breve escena de iniciación amorosa que transcurre entre ambos personajes.

En Historia del restaurante chino ciudad feliz se nos narra la peripecia (desde su estancia en China hasta su infancia y adolescencia en España) del pequeño Chi-Huei, un niño superdotado que debe afrontar un doble conflicto. El primero de ellos es el shock cultural que inevitablemente padece todo inmigrante chino que arribe a un país occidental. El segundo, más dificultoso si cabe que el primero, tiene que ver con la integración dentro de su propia familia, encargada de regentar un asadero de pollos y cuyas aspiraciones  para el pequeño Chi-Huei no parecen ir más allá de la continuación del negocio familiar.

Sara es la protagonista de La orilla. Esta vez se nos hace partícipes de una aventura de mayor concreción temporal. En ella Sara nos habla en primera persona de su fascinación y posterior relación con un mendigo, relación que encontrará naturalmente la oposición de sus padres. El mendigo representa de alguna manera un elemento desasosegante y siniestro dentro de ese mundo burgués perfectamente ordenado y políticamente correcto que encarnan los padres de Sara. Uno no puede dejar de encontrar resonancias entre esta Sara de La orilla y aquella otra Clara que protagonizaba La ciudad en invierno, de modo que casi se tiene la impresión de continuidad entre una y otra obra. Ambos personajes asisten a clases de dibujo que acaban abandonando para explorar ese mundo tangente al perfectamente delimitado por la rutina impuesta por la sociedad y por los padres. Ambas acaban contaminadas por la sordidez de ese otro mundo cuya intrusión supone de alguna manera un rito de iniciación vinculado a la adolescencia y que recuerda al de algunos cuentos infantiles, precisamente a aquellos que se acercan más a lo terrorífico.

Elvira Navarro parece especialista en recrear ese extrañamiento adolescente, ese conflicto que culmina con el abandono definitivo de la burbuja protectora que supone la familia, algo de lo que también se ha ocupado Belén Gopegui en su última novela Deseo de ser punk. Ambas autoras abordan esta temática desde una perspectiva aparentemente realista. Sin embargo, mientras que Gopegui ahonda en las cuestiones políticas y sociales de ese tránsito, Elvira Navarro se centra más en el aspecto psicológico, trabajando más con indicios que con referencias explícitas (ejemplo de ello es el detalle de que la historia de Sara arranque con la protagonista comprando un bolso de Hello Kitty para acabar fascinada por la figura del mendigo, amenaza y al mismo tiempo liberación del mundo ordenado que la rodea), logrando un efecto desasosegante que no encontramos en la obra de Gopegui. El realismo de La ciudad feliz, por otra parte, es sólo aparente. Las elucubraciones tanto de Chi-Huei como de Sara no guardan el decoro que cabría esperar de dos chicos adolescentes. Esto provoca en el lector un efecto añadido de extrañeza del que con toda probabilidad la autora ha sido consciente. El realismo literario (cualquier realismo, en realidad) sólo puede reivindicarse desde un punto de vista metafísico y cada autor decide hasta dónde desea llegar en esta simulación de reflejo fiel de la parcela de mundo que ha decidido acotar en su novela.

En definitiva, Elvira Navarro logra con esta obra una continuación coherente de su libro anterior. Podría decirse que con La ciudad feliz la autora se empata a sí misma. Nadie que haya leído La ciudad en invierno podrá sentirse decepcionado. Aquellos que no la leyeron tendrán con La ciudad feliz una buena ocasión para iniciarse en el mundo desasosegante y al mismo tiempo fascinante de esta autora.

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