La trabajadora en Ínsula, por Ángeles Encinar

El arte de sobrevivir
Ínsula, 813 (septiembre 2014), pp. 36-37

Con su primera publicación, La ciudad en invierno (2007), la escritora onubense Elvira Navarro (1978) dio muestras de una capacidad literaria prometedora. Se trataba de cuatro relatos autónomos en principio, pero unificados por su protagonista, Clara, en momentos importantes de su infancia o adolescencia. Estaban dotados de tal intensidad y con el tono adecuado que permitió aventurar en la contraportada al editor de Caballo de Troya, Constantino Bértolo, un aire de parentesco con dos cuentos de Cristina Fernández Cubas e Ignacio Martínez de Pisón, “Mi hermana Elba” y “Siempre hay un perro al acecho”, respectivamente. El libro obtuvo reconocimiento y también su segunda obra, La ciudad feliz (2009), premiada y que hizo posible la inclusión de la autora en la lista de los mejores jóvenes escritores en lengua española de la revista Granta. La nueva novela, La trabajadora, satisface las expectativas y confirma a una autora de interés que va construyendo su habitación propia en el panorama literario actual.
El arranque textual se ha considerado impactante por su vehemencia erótica, pero no lo es tanto al comprobar que la narradora habla de inmediato de su delirio, de sus pretensiones extremas, que compara con el hecho de “tragarse un ciempiés aliñado en la ensalada” (11). Por tanto, el lector queda avisado de la extravagancia de esa voz, aunque no entienda lo que ocurre. Además, en la acotación inicial el yo narrador se refiere a la locura del otro personaje relator de la historia y especifica que su función no ha sido solo de transcripción sino también de ordenar el material narrado. En esta primera parte, titulada “Fabio”, de las tres que estructuran la obra se concentra el relato de la enfermedad mental de Susana -primero esquizofrénica y después bipolar- causante de su obsesión con citas y encuentros eróticos de todo tipo. Es pertinente la brevedad de esta sección caracterizada por el dramatismo propio del trastorno psicológico grave y por un ambiente sórdido y de angustia.
La segunda parte comienza con el texto “La trabajadora” y se trata, según la aclaración final del fragmento y de la novela (en una nota), de un relato publicado por la autora ficcionalizada, y la real, en un periódico en el verano de 2010. Estas cuatro páginas sintetizan con acierto uno de los temas relevantes de la obra: la precariedad laboral, especialmente la de una generación de jóvenes bien preparados cuyos estudios superiores y de posgrado son más una desventaja que un valor añadido. A continuación, en diecisiete capítulos se desarrolla la trama argumental: la relación entre Susana y Elisa, compañeras de piso a sugerencia de Germán, amigo de ambas, para subsistir en un momento de penuria económica de las dos provocado por la inestabilidad de sus trabajos y unos sueldos míseros. Ahora se podrá entender lo expuesto en la primera parte. La convivencia de las protagonistas no es una decisión, sino una imposición circunstancial, de ahí proviene la incomunicación entre ellas y el deseo de Elisa de saber más sobre Susana hasta conseguir la confesión de sus avatares que culminaron en la enfermedad mental y en la obsesión tortuosa de sus citas. La narradora proclamará en este momento la autoría de su escritura inicial: “Armé un relato con la historia de Susana. Traté de alcanzar la impresión que me habían producido sus palabras; la mezcla de fascinación y estupor (…). Tuve miedo de la cercanía de mi voz (…); al releerlo, especulé con que no era fruto de una incapacidad, sino de una evidencia (95). Estas y otras reflexiones diseminadas en el texto sobre el proceso de escribir, la literatura y la conciencia de estar construyendo un relato realzan la vertiente metaliteraria de la novela; y a ello se suma la condición de escritora del personaje, Elisa Nuñez es su nombre completo, descubierta por su compañera de piso como la autora de un relato aparecido en un periódico y de una novela. Viene al caso subrayar la ironía y el humor burlesco empleado en más de una ocasión, desde su faceta de correctora de pruebas de una editorial, al referirse al “trabajo sucio” que debía hacer para algunos escritores de ficción, ensayistas e incluso profesores de universidad.
El recuento de las desgracias laborales en aumento corre paralelo al deterioro mental: la depresión y los frecuentes ataques de pánico imposibles de controlar le empujan a la consulta del psiquiatra. Su situación no está tan alejada ni es tan diferente de la enfermedad padecida por Susana. El ambiente del piso abunda en el entorno de la pesadilla y expone con claridad la enajenación forzosa a la que están abocados hoy en día tantos individuos. En este sentido, hay que hablar de una novela realista, comprometida con la descripción ficticia de una realidad similar a la circundante, común a tantos jóvenes, y a otros de edad madura, de nuestro entorno. La autora está en la estela de otros escritores actuales cercanos en años, pienso sobre todo en Isaac Rosa, cuyo compromiso se mantiene en su producción y hace recordar la trayectoria emprendida con anterioridad por una escritora tomada como modelo, Belén Gopegui, de ella Navarro afirma leerlo todo. La elección de esta postura se confirma con sus propias palabras: “(…) hay una responsabilidad del escritor no porque tenga que ser un salvador de nadie, sino porque genera un discurso que tiene un efecto. No me vale un escritor que me cuente mentiras” (Rodríguez Marcos: 2011).
Las tres páginas escasas de la tercera parte son un diálogo entre el psiquiatra y la protagonista, donde se resumen los acontecimientos finales y se alude al libro escrito por ella. De hecho, hay una total autorreferencialidad, pues esta conversación conformará la coda de su novela y se debate entre ellos sobre la fidelidad del texto a la realidad o la exclusiva demanda de coherencia interna. Y a partir de aquí cabe destacar también un tema subyacente (esencial) de esta ficción: el arte como modo de evasión y/o como vía de curación. ¿Son la escritura de Elisa y la pintura o los collages realizados con éxito por Susana los caminos idóneos en el proceso hacia la sanación? Parece interesante tener en cuenta al respecto las reflexiones de Alain de Botton y John Armstrong en su ensayo Art as Therapy, que además acaban de poner en práctica en una exposición del Rijksmuseum de Ámsterdam. El arte, según estos pensadores, entre muchas otras funciones puede enseñarnos a sufrir de una mejor manera y, sobre todo, ayudarnos a recuperar nuestro equilibrio interior; en resumen, el arte puede tener un efecto terapéutico. Estas afirmaciones coincidirían con la línea argumental expuesta en la novela de Elvira Navarro.
No debemos concluir sin mencionar a otro personaje importante de la obra: la ciudad de Madrid, o dicho con precisión la periferia. Porque también los barrios periféricos tienen su protagonismo. En realidad, la enfermedad de Susana y Elisa se corresponde con su desplazamiento del centro a los barrios alejados, de Tirso de Molina a Aluche. Su alojamiento es, en parte, símbolo de su enfermedad, de su alienación, y así lo señala la narradora con precisión al definir las calles y plazas habitadas con anterioridad como parte de “una ciudad sólida” frente a su lugar actual tratado de “una ciudad hecha con cascotes” (105). El deambular constante de Elisa por la ciudad es una evasión y una fuga del foco de su trastorno; la búsqueda de lugares al aire libre es metáfora de su necesidad de ayuda exterior y el anclaje imprescindible para su recuperación.
La intensidad argumental y temática de La trabajadora se construye con una anécdota central significativa, acertado espejo, en alguna ocasión distorsionado, como no podía ser de otra forma al tratar de la enfermedad mental, de una realidad social y económica actual. Estamos ante un poderoso testimonio. El entramado novelesco viene urdido con una prosa precisa, escueta, pero con suficiencia expresiva para ahondar en la psicología de los personajes. Es difícil pensar que esta novela deje impasible a alguien.

Obras citadas
BOTTON, A. y ARMSTRONG, J. (2013): Art as Therapy. Londres: Phaidon
NAVARRO, E. (2007): La ciudad en invierno. Barcelona: Caballo de Troya.
___ (2013): La trabajadora. Barcelona: Random House.
RODRÍGUEZ MARCOS, J. (2011): “Entrevista a Elvira Navarro”. http://elpais.com/diario/2011/08/21/eps/1313908014_850215.html

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