Entrevista en GO MAG, por Álex Gil

Álex Gil
GO MAG
2010

Elvira Navarro. JUEGO DE NIÑOS

La irrupción de Elvira Navarro en nuestro panorama literario con “La ciudad en invierno” (Caballo de Troya, 07) supuso una grata sorpresa; recibió los parabienes de la crítica y de autores como Vila-Matas. Ahora le toca el turno de la reválida y regresa a las librerías con “La ciudad feliz” (Mondadori, 09) y el premio Jaén de Novela bajo el brazo. Chi-Huei y Sara, los niños protagonistas de estas historias sin edulcorantes, juegan a adentrarse en el productivo y aburrido mundo de los adultos. 

Con su primer libro nos sacudió  y nos dejó atónitos, los cuatro relatos que componían “La ciudad en Invierno” recogían la historia de Clara, una niña a la que acompañábamos en su tránsito a la adolescencia;  en el segundo trabajo de Elvira Navarro (Huelva, 1978) los protagonistas se encuentran deambulando, en un punto límite, en el tránsito hacia la edad adulta. “Yo diría que se dan de bruces con dos cosas: con un mundo que desconocen, y que quieren explorar sin los códigos adultos, y con el muro que dichos adultos interponen. En Chi-Huei, el niño chino, lo que hay es algo más modesto y esencial: la búsqueda de la supervivencia moral, o identitaria, pues su familia le niega cualquier interpretación de los hechos que no sea la que marca el clan, y que le destruye”. “La ciudad feliz” se compone de dos novelas cortas que tienen en común la amistad de los protagonistas. Esta composición marca el punto de vista de los narradores, que varían de una historia a otra, alternando primera y tercera persona; una elección que Elvira se encarga de argumentar: “Hago un juego con el narrador, que la frase final del libro resume – ‘yo no puedo explicar nada porque lo ignoro todo’-, pues una niña no tiene esa conciencia de sí misma. Al principio de la historia la narradora habla desde el futuro, desde la adultez,  y yo mantengo esa dualidad en Sara, que es y no es una niña. Cuenta su historia sabiendo.” En ambas nouvelles se aprecia cierta carga de crítica social contra algunos valores establecidos, “me parece muy acertada la visión que me dio Iban Zaldua: la primera parte pintaría algo parecido al proceso de acumulación primitiva del capital, y la segunda retrataría ese supuesto paraíso al que la familia de Chi-Huei aspira, con sus pequeñas miserias”. Los entornos urbanos son otro protagonista más en sus novelas. “La ciudad en los dos libros tiene algo de romanticismo del tipo “Cementerio del monasterio en la nieve”, de Friedrich, mezclado con cierta cutrez española muy años 80 que a mí me resulta especialmente estimulante. Ésas son las dos estéticas que manejo. El hecho de situar las historias en barrios viejos y decrépitos, o en los límites de la ciudad, se puede deber a que siempre escribo desde los márgenes, porque es en el choque, en el límite, donde se dan los conflictos.” En cierta manera estos escenarios marcan un tono sórdido, triste, que contrasta con la edad de los protagonistas. “sí hay tristeza en la historia de Chi-Huei, aunque leve. El tono ahí es entre frío e implacable. En la parte protagonizada por Sara no hay tristeza, sino humor. Lo que no sé es si este humor sólo lo veo yo, porque nadie me ha hablado de él. Se me lee en una clave en ocasiones demasiado seria”, se defiende Navarro, que interrogada por el fatalismo que encierran sentencias como la pronuncia Sara “el destino trágico que me espera a la vuelta de la esquina”, me contesta: “en esa frase ya hay humor: por una parte está esa expresión dramática, “destino trágico”, pero quien pronuncia esas palabras es una niña, una niña inverosímil desde el punto de vista clásico u ortodoxo, que tiene algo de ese infante woodyallenesco en el psicólogo diciendo: “El universo se expande”. A mí todo eso me resulta muy cómico.” Elvira Navarro se declara una escritora impresionista, que construye a partir de sus vivencias; cita como referentes cercanos a Belén Gopegui (“su escritura ha determinado en buena medida la concepción de la mía”), Juan Marsé, y Cristina Fernández Cubas; no deja de recomendarnos a dos compañeras de su anterior sello: Isabel Cobo y Aurora Venturini; y nos avanza que en la próxima novela se adentrará en el mundo de los adultos. Tras hablar con ella nos quedamos medio sonriendo, esperando encajar su siguiente golpe.

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