Entrevista en YO DONA, por Álvaro Colomer

Álvaro Colomer
YO DONA
16 de enero de 2010

La premiada escritora Elvira Navarro ha presentado su segunda novela, ‘La ciudad feliz’, con dos niños como protagonistas y la voluntad de huir del «realismo inane».

Dos novelas, dos premios. Si con su debut, La ciudad en invierno, Elvira Navarro (Huelva, 1978) logró el Talento FNAC, ahora publica La ciudad feliz (Mondadori), merecedora del XXV Premio Jaén de Novela. Los argumentos de los dos relatos que integran este libro inciden, una vez más, en el inquietante clima que a veces domina las grandes urbes. En la primera historia, a través de la perplejidad de un niño chino recién llegado a Madrid; en la segunda, por los ojos de una pequeña acechada por un mendigo.Da la sensación de que es usted una novelista que no puede, o no quiere, alejarse demasiado del relato.

Las novelas no suelen mantener la intensidad todo el rato, mientras que los géneros más breves sí. No consigo asumir los tránsitos, las caídas, los tiempos muertos que tienen casi todas, y que funcionan no por sí mismos, sino por acumulación. Así que escribo cosas breves que, como versan sobre lo mismo, suelen ser leídas como si fueran diferentes partes de una novela.

Sus protagonistas son niños o adolescentes con intensa vida interior. ¿Qué opina sobre el tratamiento que la literatura para adultos suele dar a los personajes infantiles?

Mis libros de referencia son El gran cuaderno, de Agota Kristof, Cerca del corazón salvaje, de Clarice Lispector, El corazón es un cazador solitario de Carson McCullers y Las tribulaciones del estudiante Törless, de Robert Musil. Que a los niños se les trate en literatura como a tontos habla mal de la memoria del escritor, e incluso, a veces, del escritor mismo. Aunque no soy psicóloga, creo que no me equivoco si digo que la riqueza y la densidad de una persona no tienen que ver con la edad.

Concibe la literatura como una forma de conocimiento.

Cuando empecé a leer, lo hacía porque los libros me descubrían otros mundos. Ampliaban mi visión. Y lo mismo que busco en la lectura es lo que guía mi trabajo como escritora: meterme en lugares que me interesan y rascar, a ver qué sale.

Dice que la literatura española de hoy es mediocre.

Existen honrosas excepciones (Juan Marsé, Sánchez Ferlosio, Ana María Matute, Belén Gopegui, Enrique Vila-Matas o Cristina Fernández Cubas, por citar a algunos), pero, en general, ha habido una actitud de perpetuar cierto realismo ingenuo, que ha dado lugar a un tipo de literatura inane, de mero entretenimiento. Dicho realismo redunda en una suerte de actitud muy española ahora, la del nuevo rico (a pesar de la crisis), para quien la vida es una cosa monolítica, un orden natural. Puesto que forma y contenido van juntos, esto ha ido acompañado de una forma de escribir homogénea y sin riesgo.